
Quito, 07 oct (Andes).- La hora fijada para el cotejo entre Ecuador y Venezuela era las 16:05. Sin embargo, varias horas antes la fiesta en los alrededores del estadio Olímpico Atahualpa ya estaba encendida. Banderas, silbatos, gorras, caras pintadas, todo servía para identificarse y alentar al equipo local.
Las largas filas de acceso eran el espacio ideal para abastecerse de bebidas o impermeables para repeler la lluvia que anunciaba el cielo capitalino, tan dado a los cambios repentinos de clima. Para sorpresa de todos, no llovió.
Adentro, la fiesta era mayor: las voces, diversas como el país mismo, daban cuenta del lugar de origen de sus dueños. Serranos, costeños o amazónicos, nada importaba, solo el amarillo de las camisetas tricolores, que encendía el gris graderío del coloso de El Batán, como se conoce al estadio Atahualpa.
Saltaron las selecciones al campo de juego. Ecuador y Venezuela sobre gramado, que parecía una alfombra visto desde las gradas. Antes del pitazo inicial, las voces se confundieron. “¡Cerveza!, ¡agua!, ¡habas!, ¡empanadas!…”gritaban los vendedores, que esperaron ansiosamente el inicio de estas eliminatorias para poder incrementar sus ventas.
El dominio del esférico y las tejidas de la selección ecuatoriana, encendían los ánimos de los hinchas que brincaban al son de tambores y trompetas. La ola empezó a girar y girar en el graderío, mientras, en una pausa breve, el aficionado tomaba aliento, un sorbo de agua y hasta un cigarrillo para apañar los nervios.
La ola humana cobró vida a los 14 minutos, cuando tras una jugada de Luis Antonio Valencia y un rebote en el travesaño, Jaime Ayoví cabeceó para depositar la pelota en el fondo del arco sur. Abrazos, camisetas por los aires, gritos y saltos, todo era válido a la hora de celebrar el gol, que borraba en algo la amargura de la derrota infringida por lo llaneros en la eliminatoria anterior.
Vino la calma, la hora de los comentarios. “Pucha, hermano, en cámara lenta entró esa bola”, se murmuraba entre los asistentes. “¡Sí se puede! ¡Sí se puede!”, repetía incesante el público que, en número superior a los 32 mil asistentes, coparon las gradas.
Ecuador seguía con los ataques y los aficionados seguían en su ritual. “¡Una empanadita más!”, decía un hincha mientras sostenía de la mano a su hijo. Pero antes de que su pedido sea entregado, otra vez Antonio Valencia ponía un centro magistral para que Cristian Benítez remate de cabeza y ponga la segunda y definitiva del cotejo.
La segunda mitad se fue al son de la misma fiesta: ruidos, cornetas, olas, cánticos, gritos y saltos alentaban a los tricolores mientras que la hinchada llanera, que llegó en un número mínimo, permanecía silente ante las dificultades que mostraba su selección para revertir el marcador.
Minuto 90, el “ole” bajando raudo hasta la cancha. La selección ecuatoriana embistiendo y defendiéndose de los contragolpes venezolanos. La emoción se agotó con el pitazo final. Ecuador inició con buen pie su camino hacia Brasil 2014 y la hinchada regresó a sus casas con la esperanza de que, con esta tricolor, el Mundial no se ve tan lejano. /SAM
Fuente: www.andes.info.ec

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